Para ello, hemos utilizado, entre otras competencias, la metacompetencia de la definición. Acompañamos en la definición, individual y subjetiva, y a su vez la colectiva, de los problemas, realidades, fines, objetivos e intereses, además de las expectativas que cada uno de los actores representaba del futuro deseado para aquella relación. De esta manera, podríamos extraer las esencias y generar una nueva teoría propia del cliente que les permitiría poner en práctica nuevos comportamientos hacia el futuro de la nueva relación proyectada como más beneficiosa para todas las partes.